Soy de la generación que se enfermó de varicela. Las paperas y todavía más el sarampión eran cosas raras en mi barrio. No vi a mis compañeros quedar con secuelas graves y menos morir de alguna enfermedad contagiable. A la poliomielitis la escuché nombrar de grande. Cuando le pregunte a mi mamá qué era,me contó de algún compañero inválido y de cómo la muerte jugaba a la rayuela en los patios escolares. No hace tanto de las epidemias, sin embargo parecen cuentos para asustar a los niños o a sus padres.

La principal enfermedad que atemorizaba a mi generación era una sobre la que no existe ni cura ni vacuna. Al principio no se sabía bien de qué se trataba el VIH, existían prejuicios sobre si era una enfermedad de los homosexuales y también circulaba el rumor de que la habían creado en algún laboratorio gubernamental. También recuerdo haber escuchado cientos de publicidades sobre el cólera.No se utilizaban vacunas como modo de prevención, se usaba lavandina. Según wikipedia, la epidemia de cólera llego a latinoamerica en los 90.

También soy de la generación que escuchó sobre miles de conspiraciones contra la salud pública, de pruebas farmacológicas en los países tercermundistas, de cómo se dejan de estudiar las enfermedades que no producen rédito económico, de remedios adulterados, de mala práxis y las prácticas médicas “de punta” sólo para cobrar los aranceles. Aprendimos a desconfiar de la medicina porque la salud es una mercancía más. Porque como siempre, los negociados y las ganancias son lo más importante.

Por todo esto no puedo dejar de entender a las personas que dudan en vacunar a sus hijos. De hecho creo que son las razones por las cuales los antivacunas han tenido tanta repercusión y aceptación en algunos sectores. En internet encontramos un montón de información, o desinformación, explicando las graves consecuencias de la vacunación. Cómo saber a quién creer si el conocimiento y la verdad son traficados en el mercado negro.

Mis hermanos y yo fuimos vacunados como algo natural. Sólo de más grande escuche objeciones a las vacunas y no les dí demasiado crédito. Cuando le pregunté al pediatra de mi hija sobre las vacunas, sin muchas vueltas ni demasiadas explicaciones, me dijo que lo mejor es vacunar. Por supuesto me hubiera gustado que me diera más argumentos, pero lo que dijo me bastó. A mi hija la vacuné desde la primera hora, le puse las vacunas del calendario más las que nos recomendó el médico.

Después de leer sobre el tema, especialmente un libro que se llama “En defensa de las vacunas” de Carlos González, soy admiradora de las vacunas. En ese libro pueden encontrar explicadas enfermedades de las que, por suerte, o mejor dicho, gracias a las vacunas, sólo conocemos de nombre. Tengo algunas diferencias sobre algunos planteos demasiados cientificistas, especialmente del autismo, pero en lo referente a las vacunas es una lectura súper enriquecedora. Pueden encontrar la historia de las principales vacunas, detalles de las enfermedades y refutaciones precisas a los principales argumentos de los antivacunas.

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Parece milagroso pero es ciencia “Las observaciones realizadas en dos centurias han demostrado que la vacunación es altamente efectiva: la viruela erradicada del planeta, la poliomielitis en vías de erradicación, el sarampión, la difteria, el tétanos, la rabia o la tosferina prácticamente eliminadas en aquellos países que han mantenido un buen programa de vacunación, millones de vidas salvadas…” (Carlos González, En defensa de las vacunas)

Carlos cita a un científico cubano que explica porqué los niños no vacunados suelen no enfermar y la necesidad social de vacunar a todos los niños: “si esos niños del Primer Mundo que no son vacunados hoy atendiendo a estos falsos conceptos, no enferman, es [debido] precisamente a que se mueven dentro de una sociedad con altos niveles de inmunización (inmunidad de rebaño); a medida que disminuyan los índices de cobertura de inmunización se corre el peligro de que enfermedades que se pensaban controladas vuelvan a reemerger, no solo en los países del Tercer Mundo sino también en el mundo rico y desarrollado.” (Roque Valdés, A. «Autismo y vacunas pediátricas», Vaccimonitor).

Si todavía tienen dudas sobre vacunar o no a sus hijos pregunten a los libros, a la historia, lean a especialistas en el tema. Recuerden que la medicina es un negocio pero también salva vidas.

Si están en vías o en proceso de vacunar, me gustaría decirles algunas cosas sencillas. Muchas veces solemos ser los padres los que nos anticipamos con nervios antes de la vacunación. Leer más sobre la importancia de las vacunas y sus explicaciones pueden ayudar a confiar en la decisión que tomamos y no trasmitirle temores a nuestros hijos. Con respecto al dolor de los pinchazos, que solemos sentir en carne propia, podemos decirles a los pequeños que sí, que quizás le duela pero es solo momentáneo, podemos planear algo divertido para hacer después. También podemos cantarles una hermosa canción de Maria Elena Walsh, el arte siempre ayuda a entender y a aliviar.

Para ampliar sobre cuestiones políticas de los antivacunas y principalmente las recientes adhesiones de la derecha (Trump, Macri) a los antivacunas copio el link de un artículo muy importante:

http://www.po.org.ar/prensaObrera/online/sociedad/activismo-anti-vacunas-origen-y-naturaleza

Canción de la vacuna

Había una vez un bru,

un brujito que en Gulubú

a toda la población

embrujaba sin ton ni son.

Paseaba una vez Mambrú

por el bosque de Gulubú

El brujito se acercó

y el resfrío le contagió

La vaca de Gulubú

no podía decir ni mú.

El brujito la embrujó

y la vaca se enmudeció.

Los chicos eran todos muy bu,

burros todos en Gulubú.

Se olvidaban la lección

o sufrían de sarampión.

Pero un día llegó el Doctorrrr

manejando un cuatrimotorrrr

¿Y saben lo que pasó?

¿No?

Todas las brujerías

del brujito de Gulubú

se curaron con la vacú

con la vacunaluna lunalú.

Pero entonces llegó el Doctorrrr

manejando un cuatrimotorrrr

¿Y saben lo que pasó?

¿No?

Todas las brujerías

del brujito de Gulubú

se curaron con la vacú

con la vacuna

luna luna

lú.

Ha sido el brujito el ú,

uno y único en Gulubú

que lloró, pateó y mordió

cuando el médico lo pinchó.

María Elena Walsh

En “El reino del revés”

Ilustración Pedro Vilar

brujito

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