Recientemente se editó en Santa Fe un libro en el se analizan las trayectorias recorridas por las mujeres que sufren violencia en el ámbito de las relaciones de pareja. Con respecto a la decisión de las mujeres de pedir ayuda se sitúan los factores precipitantes, los factores impulsores y los factores inhibidores. Ocupan un lugar importante en el texto los fragmentos de relatos de la protagonistas.

Me interesa tomar algunas de las cuestiones que se plantean para expresar algunas ideas personales.

Uno de los principales factores precipitantes para que las mujeres busquen una salida es la comprensión de los efectos de la violencia en la vida de sus hijos y la intención de que dejen de sufrir esa violencia. Esto me parece que es crucial, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de las mujeres entrevistadas expresó haber sufrido historias de violencia, psicológica y física, desde la infancia. Romper con la cadena de violencia que llega desde la generación anterior es doblemente difícil. Hacer todo lo posible por no continuar repitiendo la historia.

El intento de protección de los hijos también puede llegar a paralizar a las mujeres e impedir que busque ayuda. Principalmente cuando el violento amenaza de muerte a los hijos o a la mujer (con el resultado de que los hijos se quedarían sin madre).

Los estereotipos de género y de familia funcionan como obstáculo para que la mujer pueda buscar una salida. Los prejuicios y pautas sociales relegan a las mujer un lugar de sumisión en el hogar, así como los trabajadores, hombres y mujeres, son relegados a un lugar de sumisión en los lugares de trabajo. Las instituciones estatales, principalmente las comisarías y las sedes judiciales, son quienes hacen carne esos estereotipos de sumisión. En los relatos de las mujeres, esas instituciones aparecen como los principales factores inhibidores al momento de denunciar o continuar las denuncias hacia el agresor.

Está instalada socialmente la idea de que las mujeres no quieren salir de la situación de violencia, que defienden al violento, etc. Los testimonios de la investigación indican lo contrario. Señalan los autores que “Se observó que las mujeres no aceptan con pasividad las violencias, sino que la capacidad de respuesta se mantiene latente hasta que las circunstancias se articulan y producen una situación conyuntural precipitante que las lleva a utilizar todos sus recursos y a buscar ayuda.” Es fundamental el apoyo de las personas cercanas, familiares, amigos, vecinos, como fuente de ayuda y confianza para continuar la búsqueda de estrategias que le permitan salir de la situación de violencia.

Concluyo con el relato de una mujer que me parece muy conmovedor: “Ese día no me acuerdo bien porqué se había enojado, pero yo vivía cerca de la casa de mis viejos a unas cuadras. Empezó a pegarme, encerró a los chicos en otra habitación, me había trabado la puerta y no me dejaba salir, entonces yo empecé a gritar y los chicos también lloraban desde la otra pieza. Y nosotros vivíamos en un pasillo chico, sólo teníamos un vecino al lado. Y escucharon ellos, empezaron a golpear la puerta y dijeron que iban a llamar a la policía. Fue la primera vez que se metieron, ellos nunca antes lo habían hecho de todas las veces que habían escuchado. Ese día que se metieron yo pude salir. Agarré a los chicos y me fui para la casa de mis viejos, les conté todo lo que me había pasado y ahí se empezaron a mover y me ayudaron un montón”.

Para los que quieran leer el libro dejo los datos por aquí: “Ruta Crítica. Trayectorias que siguen las mujeres en situaciones de violencia”. Una investigación llevada adelante por trabajadores de la Defensoría del pueblo de la ciudad de Santa Fe. 2017.

El tema de la violencia hacia las mujeres deseo poder retomarlo pronto. Espero que les haya interesado el artículo. Hasta la próxima!

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