El lunes pasado el jardín decidió iniciar la semana de la familia con una merienda especial y maquillaje artístico. La tarea de los padres era llevar la merienda. Una labor que puede parecer sencilla, pero para mi no lo es. Desde el embarazo estoy planteándome y replanteandome la cuestión de la alimentación. Es más, en el ínterin me hice vegetariana, aunque mi hija y mi pareja de vez en cuando consumen carne.

Pero comer sano no es fácil, empezando porque hay mucha información diferente sobre qué comidas son saludables y cuáles no. En internet podemos encontrar todo tipo de argumentos contrapuestos, por eso creo que hay que ser cuidadosos e ir consultando con especialistas.

A partir de mi embarazo algunos hábitos pudimos modificar en casa: reemplazamos en gran medida la harina blanca por la integral, el azúcar refinado por el integral o por stevia, comemos más verduras e intentamos conseguir orgánicas, incorporamos las semillas, la avena, ya no freímos, tratamos de comprar a granel y no tanto envasado, tratamos de evitar las latas y conservantes, hace poco incorporamos levadura de cerveza y maca. En la despensa hay una bolsa de algas que tenemos que probar. Seguramente hay algunas cosas que se me pasan.

Claro que no me resulta fácil que mi hija coma verduras, cuando cocino empanadas de berenjena o zapallitos y las escupe o da mil vueltas o termina comiendo solo la masa, se me retuerce todo el esfuerzo. Pero de todas formas hay muchas cosas sanas que le gustan. Los tres estamos aprendiendo y desaprendiendo, de a poco y con paciencia.

Pero volviendo al inicio, tenía la tarea de llevar una merienda especial al jardín. Quise aprovechar la ocasión para cocinar con mi hija, que ella colabore con algo que realizó. Nos pusimos manos a la obra con unas galletitas de algarroba y maní. Cuando salieron del horno y se enfriaron hicimos el control de calidad, ¡estaban buenas!. Al día siguiente mientras nos acercamos a la entrada del jardín, vi a los padres con sus bolsas con chizitos, papitas, gaseosas… Después de que mi hija entro me fui caminando y pensando. La alimentación es una cuestión social y un negocio más. Llevamos tan metido en las venas que si queremos a nuestros hijos debemos darles comida chatarra, que hacerles un mimo es darles caramelos, porque desde antes de nacer esta instalado en nuestra cultura por quienes negocian con los alimentos. Por eso no es cuestión de sentir culpa por alimentarnos mal, es cuestión de tomar la responsabilidad de alimentarnos mejor en nuestras manos. Pero debemos saber que conseguir la meta de alimentarnos lo más saludablemente posible lleva un proceso, un trabajo, y supone una resistencia -económica y cultural- a un régimen social que nos prefiere obesos, desnutridos, intoxicados y enfermos. Es un esfuerzo que vale la pena.

Por todo esto, tengo ganas de escribir algunos artículos sobre alimentación pensando principalmente en los niños. Espero que les interese el tema y me cuenten sus experiencias. ¡Hasta la próxima!

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