Una de las cosas que me trasmitió mi mamá es la música de Serrat. Hoy él aparece en mi cabeza poniéndole palabras a mis sentimientos. Parece mágico. Hace unos días mi hija tenía mucho dolor por unas llagas en la boca. De un momento a otro, sin saber al principio porqué, empiezo a intentar recordar una canción que no escuchaba hace años, me da vuelta la melodía y unas palabras sueltas. Se me pegaron unas oraciones que pude reconstruir en mi memoria. La oración que necesitaba era esta: “Es insufrible ver que lloras y yo no tengo nada que hacer”. Aunque la letra de la canción entera no se relacione con la situación, un fragmento preciso viene a permitirme entender cómo me siento. Cuando nació mi hija también apareció su voz española acompañándome: “El amor, el amor, el amor, el amor, el amor, el amor”.

Llegué a la conclusión hace un tiempo, de que escuché por primera vez el nombre de Carlos Marx en una canción de Serrat. En la canción “Disculpe el señor” Serrat toma el papel de mayordomo que le habla a su patrón, empieza así: “Disculpe el señor si le interrumpo, pero en el recibidor hay un par de pobres que preguntan insistentemente por usted. No piden limosnas, no… Ni venden alfombras de lana, tampoco elefantes de ébano. Son pobres que no tienen nada de nada. No entendí muy bien sin nada que vender o nada que perder, pero por lo que parece tiene usted alguna cosa que les pertenece”. Al final los pobres encuentran al señor y el mayordomo se retira diciendo: “Que Dios le inspire o que Dios le ampare, que esos no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado”. Para mi fue toda una enseñanza y por supuesto quería saber quién era ese tal Carlos Marx. También me marcaron los poemas de Miguel Hernández y Antonio Machado a los que les puso música.

Una de las canciones claves sobre infancia y maternidad de Serrat es Esos locos bajitos. Una mirada crítica que nos hace preguntarnos y replantearnos cómo estamos educando a nuestros hijos. Aquí dejo la letra entera, y me despidos para seguir escuchando las naciones de mi infancia, tan presentes.

Esos locos bajitos

A menudo los hijos se nos parecen, y así nos dan la primera satisfacción; ésos que se menean con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay a su alrededor. Esos locos bajitos que se incorporan con los ojos abiertos de par en par, sin respeto al horario ni a las costumbres y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar. Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca. Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma, con nuestros rencores y nuestro porvenir. Por eso nos parece que son de goma y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas sin saber el oficio y sin vocación. Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción. Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca. Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós.

Si quieren pueden contar en los comentarios qué músico pone palabras a sus sentimientos.

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