Según wikipedia un príncipe o princesa “es un miembro de una aristocracia gobernante o nobleza. Normalmente es un título asociado a la realeza, siendo usado por hijos del rey.”

Es uno de los títulos más estereotipados, siendo normalmente asociado a la belleza y virtud y formando parte de numerosos cuentos y leyendas.”

Actualmente, en el mundo dominado por las imágenes, cuando hablamos de princesas de los cuentos aparecen las princesas rosas, con sonrisas delicadas y cinturas diminutas. Unas raras niñas adultas. Mucho se han criticado estos modelos desde la literatura y las ilustraciones actuales, intentando acercarlos a la cotidianidad.

En oposición a estos estereotipos surgió hace poco más de un año la colección de libros llamados “Antiprincesas”. En una entrevista con Infobae, Nadia Fink, autora de los textos, “remarcó que las protagonistas son todas mujeres que se decidieron a “forjar sus destinos, rompieron moldes y trascendieron su tiempo tanto que hoy las seguimos reconociendo como personajes actuales”.

Pero los padres sabemos de otros príncipes y princesas. Freud decía que a los bebés se les asigna el lugar de “su majestad”. Durante los primeros meses de vida los bebés ocupan un lugar central en la familia fundamental tanto física como psicológicamente. Decirle a nuestros hijos que son princesas o príncipes esta relacionado con la importancia que tienen para nosotros. Como crítica a los modelos de belleza de Disney, me pregunto si habrá que dejar de usar esos adjetivos o simplemente ser conscientes de su resignificación.

La imagen del encabezado es de Curvy Kate, una empresa de lencería que lanzó una campaña publicitaria en la que engordo a las princesas de Disney, para lucir  la ropa interior que ellos diseñan. Esta campaña no deja de ser parte de una moda publicitaria.

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